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Determinismos astrológicos.


Era algo que los astrólogos y sus seguidores, siempre habían tenido claro: el momento de nuestro nacimiento determina nuestro carácter.
Pero este determinismo sobre la personalidad, hasta hace poco despreciado por los científicos, ya no es sólo se argumenta en el campo de la astrología Humanista, sino que también se contempla desde la neuropsicología.

Conservo el recuerdo de una de las explicaciones que nos ofrecieron en un curso de Astrología, hace unos 30 años, sobre esta cuestión: El niño que nace en invierno, vive sus primeras semanas, en el confinamiento familiar, alejado de los fríos y sale nada o muy poco de su hogar. El niño que nace en verano, a los pocos días, pasea por los parques, recibe mas visitas, y tiene en definitiva un contacto mas precoz con el mundo exterior. ¿Pueden estas diferencias, establecer "tendencias" en su carácter?

Ayer pude leer en la prensa:

Un estudio de una universidad de Budapest, presentado en Berlín en el marco de un congreso del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacologia, determina de forma clara que hay una relación directa entre la época del año en que nacemos y nuestro carácter. El estudio establece que las personas nacidas en un momento determinado del año tienen más tendencia a sufrir determinados tipo de problemas psicológicos, algunos de leves otros de más importantes.
Según los científicos, que han estudiado las características de 400 personas, nacer en un mes determinado puede hacer más o menos grande el riesgo de sufrir determinados trastornos anímicos.

Al parecer la irritabilidad es menos habitual entre los nacidos en invierno, que se muestran más calmados. Y los nacidos en otoño tienen menos tendencia a sufrir depresión que los nacidos en invierno.

Sin embargo, en la Astrologia Humanista no se contemplas las predicciones. No al menos en los ámbitos más serios. Se pone mucho énfasis en que solo se puede hablar de tendencias y se tiene muy presente que otros factores, como el entorno subsiguiente, la carga genética, la educación y las relaciones, van manipulando esas tendencias y el carácter del individuo es el resultado de la fusión de todo ese paquete de influencias.
Para la Astrologia, el nacimiento conforma una base, un terreno, sobre el cual se edificará la estructura que soportará toda nuestra psicología. Sin determinar nada, pero quizás si condicionando algunas cosas.
No deja de ser curioso que ahora la Psiquiatría (en palabras del Dr. Eduard Vieta, profesor de Psiquiatria de la Universidad de Barcelona y jefe del Servicio de Psiquiatria del Hospital Clínico de Barcelona.) se atreva a afirmarcon tanta rotundidad que:
◘"La estación en que nacemos puede influenciar el riesgo que tenemos de desarrollar determinadas condiciones médicas, como trastornos mentales".
◘"A pesar de que los factores genéticos y del entorno juegan un papel en nuestro carácter, ahora sabemos que la época del año en que nacemos también juega un papel importante".


Esta entrada parte de una noticia aparecida en: Diari Ara
Foto: Licencia CCO Dominio publico. Fuente: Pixabay
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Palabras nuevas en el Campo Santo


Dicen que Marcos, mantenía con su padre una relación muy especial. Casi inclasificable, porque más allá de lo paternofilial, en vida del progenitor, eran como dos amigos de una complicidad e intimidad inusuales.
Por eso para Marcos hijo, la muerte de Marcos abuelo y Marcos padre ocurridas con escasas semanas de diferencia fue como dos puñaladas en el alma. Fueron tiempos difíciles para aquel muchacho que empezaba a salir de la adolescencia justo cuando finalizaba el siglo. El convulso siglo XX.

Marcos no era especialmente creyente. Mas bien divaga o revoloteaba entre religiones tradicionales y los movimientos New Age como las mariposas en un campo floreado. Sin embargo tenía un profundo sentido de la trascendencia y estaba bastante convencido de que algo debía haber más allá de la muerte. Quizás por eso visitaba con cierta frecuencia las tumbas de sus mayores que habían sido enterrados uno al lado del otro en un hermosísimo cementerio rural.

En aquella paz, Marcos, en sus visitas al campo santo, se situaba ante los nichos y tras quitarle el polvo a las flores de plástico, meditaba un poco  e incluso hablaba susurrando tímidamente no fuera que alguien próximo le escuchara.

Dicen que Marcos el pasado año, el día de los muertos 1 de noviembre, fue a cambiar las flores de plástico por unas nuevas de las que -le habían asegurado- sus colorantes soportaban mucho más el paso del tiempo, la intemperie y la radiación ultravioleta de la luz solar.
Dicen que tras cambiar las flores, estuvo un ratito el silencio y luego soltó la frase que cambiaría su percepción de las cosas para siempre:

Voy a tuitear un enlace de un blog súper friki sobre drones que he encontrado en la red.
Y claro, la soltó como aquel que no quiere la cosa. Era su forma de despedirse de ellos. Era como un "hasta la próxima" formulado por un chaval de la época.
Entonces, dicen, escuchó unos golpecitos, no sabe bien si con los oídos o directamente en el interior de su cerebro. Unos golpecitos seguidos de una frase en boca del Marcos más antiguo:
¿Tu entiendes lo que dice tu hijo?
_ No, padre.

Dentro de unos días volverá a ser 1 de noviembre. De Marcos me han dicho que ha localizado las tumbas desde Google Maps y que le ha hecho gracia ver que las flores siguen allí. Querra volver?

Imagen: Dominio Público

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Evolución


Deberíamos reflexionar más sobre esto. Deberíamos  ser más conscientes de que la individualidad es simplemente un espejismo.

Estamos inmersos en un mundo compuesto por una red de interrelaciones complejas. La realidad de las cosas lo es (real) en función de relaciones mutuas como las que pueda tener con el entorno, con otras realidades. Todo es, en relación con el resto.
De este modo, no existen sujetos sin los objetos que les definen; no existen objetos sin los sujetos que los contemplan, como no hay autores sin las obras creadas.
La realidad de una silla precisa de otras realidades: patas, asiento, respaldo, madera, clavos, el suelo que le sirve de plataforma. A su vez estas realidades precisan otras realidades: las paredes que delimitan el suelo, los que construyeron la habitación y también todos aquellos que han convenido llamarla "silla" y es real en función de que si quieren, todos los que la llaman y reconocen como silla, pueden sentarse en ella.
La existencia que nos lleva a ser reales, la existencia de las cosas y los acontecimientos son posibles en cuanto y mientras tanto dependen unas de las otras.
Todo esto, es una (entre otras) de las razones por las que:

No evolucionan los individuos; evolucionan las especies